SpaceX apunta a IPO de USD $1,75 billones mientras crecen alertas por bitcoin y computación cuántica
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La conversación más reciente de All-In Podcast dejó una tesis ambiciosa y polémica: SpaceX estaría encaminada a una salida a bolsa con valoración de USD $1,75 billones, mientras crecen las dudas sobre una ola de IPOs tecnológicas, el impacto económico del conflicto con Irán y una amenaza de mediano plazo para bitcoin derivada de la computación cuántica.
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- SpaceX habría presentado confidencialmente su IPO el 1 de abril, con una meta de recaudar USD $75.000 millones y una valoración cercana a USD $1,75 billones.
- Panelistas del programa ven posible una futura integración entre Tesla y SpaceX, al tiempo que describen a la Luna como próxima frontera industrial para robots, minería y manufactura.
- También advirtieron que bitcoin y otros sistemas criptográficos deben prepararse en los próximos 5 a 7 años para un escenario en que la computación cuántica pueda romper esquemas actuales de cifrado.
SpaceX se dirige a una IPO con valoración de USD $1,75 billones.
Buscan recaudar USD $75.000 millones, superando cualquier oferta previa.
Aumentan preocupaciones por la computación cuántica que podría amenazar a Bitcoin en 5 a 7 años.
El conflicto en Irán impacta el precio… pic.twitter.com/wvLgA80wWc
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) April 6, 2026
La edición más reciente de SpaceX IPO, Iran War Fallout, Quantum Bitcoin Hack, The Space Opportunity, del canal All-In Podcast, reunió a Jason Calacanis, Chamath Palihapitiya y David Friedberg para discutir una combinación poco usual de temas que hoy convergen en los mercados: una posible salida a bolsa histórica de SpaceX, el impacto económico del conflicto con Irán, la fragilidad de futuras ofertas públicas de empresas de IA y el riesgo que la computación cuántica podría representar para bitcoin.
El eje principal del debate fue SpaceX. Según lo comentado en el programa, la empresa habría presentado de forma confidencial su intención de cotizar en bolsa el 1 de abril, con una valoración objetivo de USD $1,75 billones. Si ese nivel se confirmara en una oferta pública, la compañía pasaría a ser la octava empresa más grande del mundo, justo detrás de TSMC y Saudi Aramco, ambas alrededor de USD $1,7 billones al momento de la grabación.
Los participantes también mencionaron que Tesla tenía en ese momento una capitalización de USD $1,37 billones. Bajo ese supuesto, una combinación entre Tesla y SpaceX produciría una entidad valorada en torno a USD $3,1 billones, lo que la colocaría por delante de Microsoft. Chamath Palihapitiya dijo que la probabilidad de una fusión entre ambas firmas era de “99,999%”.
El programa sostuvo además que SpaceX apunta a recaudar USD $75.000 millones, cifra que superaría ampliamente cualquier IPO previa. La ventana de salida mencionada fue junio. También se afirmó que la empresa había adquirido recientemente xAI por USD $250.000 millones, incluyendo a X y Twitter dentro de esa operación.
SpaceX, Starlink y la tesis de una empresa total
Uno de los argumentos más repetidos fue que una oferta pública de SpaceX serviría para establecer una valoración de mercado transparente. Para Palihapitiya, eso facilitaría una eventual integración con Tesla y reduciría disputas de gobernanza sobre la asignación de tiempo de Elon Musk entre varios proyectos.
En esa visión, Tesla, SpaceX, xAI, The Boring Company y Neuralink no serían negocios separados, sino piezas de una misma plataforma industrial y tecnológica. El argumento central fue que robots, fábricas, centros de datos, materiales avanzados e inteligencia artificial ya se están cruzando entre esas compañías.
Los panelistas también repasaron cifras de negocio atribuidas a SpaceX. Señalaron que Starlink generaría entre 50% y 80% de los ingresos de la compañía y que podría acercarse a USD $20.000 millones anuales, según reportes citados durante la conversación. El negocio de lanzamientos de cohetes fue estimado en USD $5.000 millones para 2024.
Sobre la empresa combinada, se mencionó un ingreso total estimado para 2025 de entre USD $15.000 millones y USD $16.000 millones, con USD $8.000 millones en ganancias, de acuerdo con cifras atribuidas a Reuters durante el debate. Esa mezcla de conectividad satelital, lanzamientos y capacidades de manufactura fue presentada como la base de una tesis mucho más grande: SpaceX no sería solo una empresa espacial, sino también infraestructura crítica para internet y la expansión industrial fuera de la Tierra.
La Luna como próxima frontera industrial
David Friedberg llevó la conversación hacia el largo plazo. Recordó el lanzamiento de Artemis 2 como un paso importante en el regreso de astronautas estadounidenses a la órbita lunar, antes de un futuro alunizaje. A partir de allí, planteó que la Luna podría convertirse en la siguiente gran frontera industrial de la humanidad.
Su tesis fue que el satélite natural posee abundancia de materiales minables y procesables, y que la baja gravedad, equivalente a una sexta parte de la terrestre, junto con la ausencia de atmósfera, reducirían de forma radical el costo energético de mover carga hacia la Tierra. Incluso sugirió que enviar material manufacturado desde la Luna podría resultar más barato que transportar bienes mediante barco, avión o ferrocarril en la Tierra.
Para ello describió el uso de un “mass driver”, una especie de riel electromagnético capaz de acelerar paquetes hasta velocidad suficiente para enviarlos de vuelta a la Tierra. Friedberg dijo haber calculado que con unos 500 metros cuadrados de paneles solares sería posible operar un dispositivo de 4 kilómetros y enviar una tonelada de material cada 10 o 15 minutos.
También sostuvo que la robótica resolvería uno de los mayores cuellos de botella para habitar y operar en la Luna. En ese punto conectó el futuro de Tesla con el de la automatización. Según su argumento, Tesla podría pasar de ser recordada como una compañía de autos eléctricos a una empresa de autonomía y robots, y esa capacidad sería clave para levantar minería, manufactura e incluso producción de semiconductores fuera de la Tierra.
Jason Calacanis añadió que la caída del costo por kilogramo enviado al espacio ya está abriendo oportunidades empresariales. Mencionó inversiones en compañías como Vast Space, que desarrolla módulos para estaciones espaciales utilizando capacidad de carga contratada por adelantado en cohetes de SpaceX.
Chamath complementó esa idea con una analogía logística. Dijo que SpaceX sería algo parecido a los grandes barcos de contenedores que conectan China con Estados Unidos, pero que aún faltan equivalentes espaciales de FedEx, empresas de basura orbital, generación eléctrica y procesamiento de materiales. A su juicio, toda capa de la economía terrestre podría replicarse en el espacio.
La ventana de IPOs podría cerrarse rápido
Tras la discusión espacial, el panel pasó a los mercados de capitales. El consenso no fue que venga una ola amplia y sostenida de mega IPOs, sino más bien una ventana corta con capacidad limitada para absorber nuevas valoraciones billonarias.
Palihapitiya dijo que SpaceX debería salir primero porque los inversionistas todavía tendrían apetito. Pero advirtió que OpenAI, Anthropic y otras compañías podrían enfrentar una competencia feroz por capital fresco si llegan tarde. En su analogía, los inversionistas llegan a la mesa con hambre, pero el apetito se agota rápido.
También señaló un dilema de fondo sobre la inteligencia artificial. Si la AGI es real, dijo, la durabilidad de muchas empresas tecnológicas actuales sería muy reducida. Si la AGI no es real, entonces el mercado tendría que cuestionar las enormes rondas de financiamiento y valoraciones de las firmas líderes de IA. Según su planteamiento, ambas narrativas no pueden sostenerse al mismo tiempo.
El episodio citó además un reporte de Bloomberg según el cual algunos inversionistas de OpenAI no estarían encontrando compradores en el mercado secundario a una valoración de USD $850.000 millones. Según esa referencia, habría unos USD $600 millones en acciones buscando liquidez. En contraste, se dijo que Anthropic, valorada en USD $300.000 millones, sí estaría viendo posturas secundarias cercanas a USD $600.000 millones.
Friedberg añadió que muchas de estas compañías llegan al mercado con años de acumulación de valor privado y una gran masa de accionistas que querrán vender. Eso podría generar presión bajista posterior a la salida a bolsa, aun si los negocios siguen siendo excepcionales. También mencionó un posible endurecimiento del capital procedente de fondos soberanos y family offices de Medio Oriente, factor que podría afectar a compañías intensivas en capital.
Conflicto con Irán y efectos sobre energía y fertilizantes
Otra parte importante del programa abordó la guerra con Irán. Jason Calacanis afirmó que, al momento de grabar, se trataba del día 34 del conflicto y citó un discurso de Donald Trump en el que el mandatario dijo que Estados Unidos ya es totalmente independiente energéticamente y que los objetivos estratégicos de la operación estaban cerca de cumplirse.
Calacanis enumeró costos humanos y financieros atribuidos al conflicto. Mencionó 13 militares estadounidenses fallecidos y más de 200 heridos. Del lado iraní, habló de 3.500 muertos, incluidos 1.600 civiles y más de 200 niños. También mencionó 1.200 fallecidos en Líbano por ataques israelíes, 50.000 tropas desplegadas y un costo acumulado de USD $70.000 millones, asumiendo USD $2.000 millones por día.
En ese contexto, Friedberg explicó que uno de los efectos menos visibles, pero más severos, es el impacto sobre fertilizantes nitrogenados. Señaló que cerca de 35% del fertilizante nitrogenado global pasa por el estrecho de Ormuz y que Qatar es un productor crucial porque el amoníaco y la urea se fabrican donde se procesa gas natural.
Según su descripción, el precio de la urea subió desde cerca de USD $350 por tonelada antes de la escalada a más de USD $700 por tonelada en apenas dos días. Añadió que China, principal productor marginal, suspendió exportaciones de fertilizante nitrogenado y además dejó de comprar maíz estadounidense, lo que aprieta aún más los márgenes de los agricultores de Estados Unidos.
Friedberg advirtió que los daños en instalaciones críticas de Qatar podrían tardar entre 3 y 5 años en repararse, mientras que construir nuevas plantas podría tomar alrededor de 7 años. Su conclusión fue que la interrupción del flujo de fertilizantes amenaza con encarecer la producción agrícola, deteriorar la rentabilidad del campo estadounidense y agravar el riesgo de malnutrición global.
Bitcoin, criptografía y la amenaza cuántica
La parte final del episodio abordó un tema especialmente relevante para el ecosistema cripto. Palihapitiya dijo que la fecha estimada para contar con chips cuánticos funcionales se habría acercado, pasando de horizontes de 25 o 30 años a una ventana de 5 a 7 años.
Su advertencia fue directa para bitcoin y otras redes basadas en criptografía actual. Sostuvo que, si esquemas como SHA-256 o ECDSA pueden romperse con computación cuántica, las criptomonedas se convertirían en un “honeypot” visible para actores no estatales. Según su secuencia hipotética, esos atacantes primero drenarían billeteras y activos obvios, y solo después el mercado descubriría la vulnerabilidad generalizada.
Friedberg complementó con contexto técnico. Explicó que buena parte del cifrado moderno se apoya en la dificultad de factorizar enteros grandes en sus primos. Recordó el algoritmo de Peter Shor, planteado en 1994, y una mejora posterior atribuida a Oded Regev, de NYU, que reduciría de forma significativa las operaciones cuánticas necesarias para romper ciertos esquemas criptográficos.
Durante el programa se mencionó una reducción desde 28 millones de operaciones a unas 500.000 en uno de esos enfoques teóricos. La idea central no fue que el riesgo ya esté aquí, sino que los avances en algoritmos están ocurriendo incluso antes de la llegada de computadoras cuánticas de escala industrial.
La conclusión de ambos fue que el ecosistema cripto debe empezar a organizar una migración hacia estándares resistentes a quantum. No solo en bitcoin, sino también en billeteras, nodos y flujos de transacción. De no hacerlo, dijeron, la industria podría descubrir demasiado tarde que una de sus premisas de seguridad ya no era válida.
En suma, el episodio retrató un momento de convergencia entre capital, geopolítica, infraestructura y criptografía. SpaceX aparece en el centro de esa narrativa como posible nueva superempresa pública. Pero alrededor suyo se acumulan riesgos igual de decisivos, desde la capacidad real del mercado para absorber IPOs multimillonarias hasta la urgencia de preparar a bitcoin para un cambio de paradigma criptográfico.
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SpaceX se dirige a una IPO con valoración de USD $1,75 billones.




