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Game Over para los juegos Web3: El 93% de los proyectos han muerto, según informe

38m ago
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El auge del gaming Web3 prometía transformar la industria de los videojuegos con tokens, NFT y economías digitales abiertas. Pero, según un análisis de Caladan, el experimento terminó en un colapso masivo: más del 90% de los proyectos GameFi quedó prácticamente muerto, los tokens se desplomaron y cientos de juegos cerraron.

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  • Caladan estima que cerca del 93% de los proyectos GameFi están efectivamente muertos y que los tokens del sector cotizan 95% por debajo de sus máximos de 2022.
  • La financiación a estudios de gaming Web3 cayó 93% para 2025, mientras el capital migró hacia IA, activos del mundo real e infraestructura de capa 2.
  • Más de 300 juegos blockchain cerraron, en un desplome que dejó casos emblemáticos como Axie Infinity, YGG, Pixelmon, Ember Sword, Gala Games y Symbiogenesis.

 


El gaming Web3 pasó en pocos años de ser una de las apuestas más promocionadas del ecosistema cripto a convertirse en un caso de estudio sobre exceso de capital, incentivos mal diseñados y falta de ajuste entre producto y mercado. El diagnóstico más reciente apunta a un daño profundo en casi todas las capas del sector.

De acuerdo con una investigación reciente de Caladan, firma de market-making y trading, cerca del 93% de los llamados proyectos GameFi están ahora efectivamente muertos. La caída no solo se refleja en el cierre de estudios o juegos, sino también en el desplome del valor de sus tokens y en el retroceso casi total del apetito inversor.

El informe, que fue reseñado por CoinDesk, sostiene que el gaming Web3 quemó hasta USD $15.000 millones persiguiendo un futuro impulsado por tokens que, al final, no logró convencer a la mayoría de los jugadores. En paralelo, más de 300 juegos Blockchain habrían cerrado, consolidando la impresión de que la narrativa avanzó mucho más rápido que la demanda real.

La tesis central es contundente. El problema no fue simplemente un ciclo bajista ni una serie de malas ejecuciones individuales. Según Caladan, hubo un desajuste estructural entre un modelo montado sobre incentivos financieros y una audiencia que, de forma constante, mostró preferencia por experiencias de entretenimiento antes que por esquemas especulativos.

Un auge impulsado por capital, tokens y NFT

Para entender la magnitud del retroceso, conviene recordar cómo se formó la burbuja. Durante el auge cripto de 2021 y 2022, inversores y estudios volcaron miles de millones de dólares en juegos basados en blockchain, con la promesa de crear ecosistemas donde los usuarios pudieran poseer, intercambiar y monetizar activos digitales mediante tokens y NFT.

Ese entusiasmo llevó a que los videojuegos captaran el 62,5% de toda la inversión de capital de riesgo destinada a Web3 en 2022. Era una cifra dominante. La idea de combinar videojuegos con propiedad digital y economías abiertas parecía suficiente para justificar rondas multimillonarias antes incluso de que existieran productos listos para el mercado.

Sin embargo, ese mismo diseño incubó parte del problema. Muchos estudios levantaron decenas o cientos de millones de dólares antes de lanzar un juego viable. Eso redujo la presión por construir experiencias capaces de retener usuarios, mientras el mercado valoraba en tiempo real los tokens asociados a proyectos que todavía estaban a años de completarse.

Con el tiempo, la estructura mostró sus grietas. Los ciclos de desarrollo se extendieron entre tres y cinco años, pero los tokens cotizaban todos los días y exigían narrativas constantes de crecimiento. Para cuando muchos títulos estaban listos o cerca de salir, buena parte del entusiasmo especulativo ya se había evaporado.

El colapso del modelo Play-to-Earn

En el centro del boom se ubicó el modelo Play-to-Earn o P2E, también conocido como GameFi. Bajo este esquema, los jugadores compraban tokens o NFT, recibían recompensas en esos mismos activos por jugar y luego podían venderlas en el mercado. Mientras entraban nuevos usuarios y capital fresco, el sistema parecía funcionar.

Pero la mecánica dependía de una condición frágil. Cuando las nuevas entradas comenzaron a desacelerarse, la matemática dejó de sostenerse. Los precios de los tokens cayeron, las recompensas perdieron atractivo y los usuarios abandonaron las plataformas, arrastrando consigo las economías internas de los juegos.

El caso de Axie Infinity resume esa dinámica con claridad. El que fue durante un tiempo el emblema del gaming cripto pasó de registrar cerca de 2,7 millones de usuarios activos diarios en su pico a unos 5.500 en la actualidad, según datos de DappRadar.

La contracción también golpeó a los activos vinculados al sector. Caladan señala que los valores de los tokens GameFi se ubican alrededor de 95% por debajo de sus máximos de 2022. En el caso de YGG, considerado el token insignia de las gaming guilds, la caída alcanza 99,6% desde su pico de noviembre de 2021.

Los jugadores no llegaron en la escala esperada

Uno de los puntos más delicados del análisis es que la demanda nunca estuvo a la altura del dinero invertido. Incluso en el momento más intenso de la manía, solo el 12% de los gamers había probado un juego cripto, según una encuesta de Coda Labs citada por Caladan. La distancia entre expectativa e interés real fue enorme.

Esa brecha ayuda a explicar por qué tantos proyectos parecían grandes sobre el papel, pero débiles en uso orgánico. El discurso se enfocó en propiedad digital, monetización y economía abierta, mientras gran parte de los usuarios seguía buscando jugabilidad, narrativa, comunidad y diversión. En otras palabras, entretenimiento antes que ingeniería financiera.

El informe resume este punto con una frase severa: “El capital fue destruido en todos los niveles simultáneamente”. La observación incluye a fondos de capital de riesgo, compradores minoristas de NFT, guilds de gaming y hasta la ola tap-to-earn de Telegram, que llegó a unos 300 millones de usuarios pero también mostró señales de agotamiento extremo.

Hamster Kombat ilustra ese desgaste. Según el reporte, el proyecto perdió 96% de sus usuarios 6 meses después de su lanzamiento, lo que sugiere que incluso las propuestas con gran tracción inicial no lograron convertir el interés especulativo o viral en permanencia sostenible.

Casos emblemáticos de un sector en retirada

Los ejemplos individuales refuerzan la lectura del colapso. Pixelmon recaudó USD $70.000.000 en una acuñación de NFT en 2022 y, cuatro años después, todavía no cuenta con un juego público. La distancia entre financiamiento y ejecución se volvió una constante incómoda para numerosos proyectos del segmento.

Ember Sword representa otro caso duro. El proyecto consumió USD $18.000.000 durante siete años de desarrollo antes de cerrar en mayo pasado, y lo hizo sin reembolsos. Ese desenlace dejó al descubierto el riesgo de sostener equipos y narrativas ambiciosas sin un producto terminado que justificara la inversión.

En paralelo, Gala Games enfrenta una demanda que alega que su cofundador desvió USD $130.000.000 en tokens. El episodio agrava la percepción de fragilidad en una industria que ya venía golpeada por malos resultados comerciales y por el desplome general de activos vinculados al gaming blockchain.

También hubo retiros silenciosos de actores tradicionales. Square Enix puso fin discretamente a su experimento Symbiogenesis en julio del año pasado. El cierre sugiere que incluso grandes compañías, con mayor experiencia y recursos, tuvieron dificultades para encontrar una fórmula convincente en este nicho.

El capital migra hacia IA, RWA e infraestructura

Otro dato clave del análisis es hacia dónde se desplazó el dinero. Si en 2022 los videojuegos representaban 62,5% del capital de riesgo Web3, para 2025 esa cuota cayó a un solo dígito. La reasignación fue acelerada y dejó al gaming cripto sin la centralidad que alguna vez tuvo dentro del ecosistema.

Los principales destinos del capital desplazado fueron la inteligencia artificial, la tokenización de activos del mundo real y la infraestructura de capa 2. Ese cambio refleja una preferencia creciente por áreas percibidas como más útiles, más cercanas a ingresos concretos o menos dependientes de ciclos especulativos de corto plazo.

Incluso Animoca Brands, uno de los respaldos más prolíficos del sector, redujo la exposición a videojuegos a cerca del 25% de su cartera y comenzó a girar hacia stablecoins, RWA e IA. El movimiento resulta simbólico, porque proviene de uno de los grupos más asociados al desarrollo y financiamiento de propuestas Web3 para gaming.

Con esa rotación, la inversión restante también cambió de enfoque. En vez de concentrarse en títulos específicos, una parte mayor del capital empezó a dirigirse a infraestructura. Es una señal de maduración para algunos observadores, pero también un reconocimiento de que la gran promesa de adopción masiva a través de juegos no se materializó.

Una advertencia para el resto del ecosistema

El balance final deja pocas dudas sobre la severidad de la caída. Más de 300 juegos blockchain cerrados, financiamiento a estudios hundido 93% para 2025 y un mercado de tokens muy lejos de sus máximos conforman un cuadro difícil de matizar. La contracción fue tan rápida como la expansión inicial.

Más allá del gaming, el episodio deja una lección amplia para Web3. La idea de tokenizar una experiencia no garantiza que esa experiencia tenga valor para los usuarios. Cuando el activo financiero llega antes que el producto y la narrativa de inversión sustituye a la utilidad, el riesgo de colapso aumenta de forma considerable.

En ese sentido, el gaming Web3 pasó de ser presentado como el futuro de los videojuegos a verse como una advertencia sobre los límites de la especulación. La industria buscó construir economías antes de consolidar mundos, comunidades y mecánicas que justificaran permanecer en ellos.

El resultado, según los datos reseñados, es un sector que creció sobre demanda especulativa y se contrajo cuando esa demanda desapareció. Para una parte del mercado cripto, la historia de GameFi ya no funciona como promesa. Funciona, más bien, como recordatorio de que el ajuste producto-mercado sigue siendo una condición básica, incluso en la era de blockchain.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 

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