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El ordenador de la NASA que viajó a la Luna minó Bitcoin en 2019, pero hoy sería casi imposible

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El ordenador de navegación asociado a las misiones Apolo logró calcular hashes de Bitcoin en 2019, aunque nunca obtuvo una recompensa. Frente a una red que en septiembre de 2026 operaba por encima de 900 EH/s, aquella demostración muestra por qué la minería moderna exige una escala industrial.

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  • El ordenador de navegación del Apolo calculaba un hash de Bitcoin cada 10,3 segundos.
  • La tasa de hash de la red superaba los 900 EH/s en septiembre de 2026, unas 14 veces más que la referencia usada en 2019.
  • Con esas condiciones, la máquina necesitaría aproximadamente 13 millones de veces la edad del universo para encontrar un bloque.

 


 

Un ordenador de navegación asociado al programa Apolo volvió a captar la atención de la comunidad de criptomonedas después de que circulara nuevamente un video sobre su intento de minar Bitcoin. La máquina, diseñada para ayudar a los astronautas a orientarse y controlar los motores durante las misiones lunares, consiguió ejecutar los cálculos criptográficos básicos de la minería, aunque nunca obtuvo una recompensa. El experimento ofrece una comparación inusual entre la computación de la era espacial y la escala industrial que hoy sostiene la red de Bitcoin.

El proyecto fue realizado por el informático Ken Shirriff, quien publicó los detalles iniciales en julio de 2019 y programó el equipo en lenguaje ensamblador AGC. De acuerdo con la información difundida sobre el experimento, el ordenador podía calcular un hash de Bitcoin cada 10,3 segundos, una velocidad que ya resultaba simbólica frente a la competencia de la red en ese momento. En septiembre de 2026, sin embargo, la diferencia se volvió todavía más extrema debido al crecimiento del poder de cómputo dedicado a la minería.

Una computadora diseñada para llegar a la Luna

El ordenador de navegación del Apolo, conocido como AGC, cumplía una función crítica en las misiones: ayudaba con la navegación y el control de los motores. Según los datos atribuidos a Shirriff, pesaba aproximadamente 70 libras, equivalentes a cerca de 32 kilogramos, y contaba con 2.000 palabras de memoria RAM, alrededor de 4 kilobytes, además de 36.000 palabras de memoria de solo lectura. Para los estándares actuales se trata de recursos minúsculos, pero fueron suficientes para participar en una de las aventuras tecnológicas más importantes del siglo XX.

El equipo también podía realizar unas 40.000 sumas por segundo, una capacidad que debe entenderse dentro del contexto para el que fue creado. No se trataba de un ordenador generalista destinado a ejecutar aplicaciones modernas, sino de una máquina especializada en cálculos de navegación y control en condiciones extremas. Su arquitectura compacta y sus limitaciones explican tanto su importancia histórica como la enorme distancia que la separa de los equipos especializados para minar Bitcoin (BTC).

La unidad utilizada en el experimento nunca viajó al espacio, aunque Shirriff considera que pudo haber sido instalada en el prototipo de módulo lunar LTA-8. Su propietario particular la habría recuperado de un desguace durante la década de 1970, después de que la NASA la descartara. Más tarde, Shirriff la restauró junto con Mike Stewart, Carl Claunch y Marc Verdiell, el ingeniero detrás del canal de YouTube Curiousmarc.

La procedencia del equipo añade una dimensión particular a la historia, porque una pieza que estuvo cerca de quedar convertida en chatarra terminó siendo utilizada para demostrar el funcionamiento de la prueba de trabajo de Bitcoin. El experimento no pretendía convertir al AGC en un minero rentable, sino mostrar de manera práctica cómo una máquina histórica podía procesar el algoritmo criptográfico que protege la red. Esa diferencia entre demostración técnica y actividad económica resulta fundamental para interpretar el resultado.

Diez segundos para un solo hash

Shirriff escribió el código de minería directamente en el lenguaje ensamblador del AGC y consiguió que la máquina ejecutara SHA-256, la función criptográfica utilizada por Bitcoin. El ordenador necesitaba 5,15 segundos para calcular un hash SHA-256, pero la minería de BTC aplica SHA-256 dos veces a la cabecera de cada bloque. Por esa razón, el tiempo efectivo alcanzaba 10,3 segundos por cada hash de Bitcoin.

Para comprobar que el programa funcionaba, el investigador introdujo los datos del bloque 286.819, que ya había sido minado. El AGC reprodujo correctamente el resultado esperado, lo que confirmó que podía realizar el cálculo, pero el ejercicio no produjo ningún satoshi. Validar un hash conocido es muy distinto de encontrar, dentro de un proceso competitivo y aleatorio, una combinación que cumpla con el objetivo de dificultad establecido por la red.

El ordenador lunar tampoco es la máquina más lenta que Shirriff ha utilizado en experimentos de este tipo. Un mainframe IBM 1401 de principios de la década de 1960 tardaba 80 segundos por hash, mientras que un Xerox Alto de 1973 alcanzaba 1,5 hashes por segundo. Estas comparaciones permiten observar cómo Bitcoin puede ejecutarse en plataformas históricas, aunque también dejan claro que hacerlo no significa tener una posibilidad realista de competir por recompensas.

En 2019, la tasa de hash de Bitcoin rondaba los 65 exahashes por segundo, o 65 quintillones de hashes por segundo. Con ese nivel de competencia, Shirriff calculó que el AGC necesitaría aproximadamente 4 × 1023 segundos, en promedio, para encontrar un bloque. Como la edad del universo se estima en unos 4,3 × 1017 segundos, el resultado equivalía a cerca de un millón de veces la edad del universo.

La red multiplicó la distancia

La red de Bitcoin creció considerablemente desde aquel cálculo. Tras el ajuste de dificultad del 5 de septiembre de 2026, la dificultad aumentó 1,31%, hasta aproximadamente 127,45 billones, mientras que las estimaciones situaron la tasa de hash cerca de 912 EH/s. En términos comparativos, el poder de cómputo de la red resultaba unas 14 veces superior al nivel que Shirriff utilizó como referencia en 2019.

Al multiplicar por ese factor la estimación original, el AGC necesitaría ahora alrededor de 5,6 × 1024 segundos para encontrar un bloque. Esa cifra equivale aproximadamente a 13 millones de veces la edad del universo, una escala que convierte cualquier expectativa de rentabilidad en una imposibilidad práctica. El ordenador puede demostrar que entiende el algoritmo, pero no puede competir contra miles de dispositivos especializados que operan de forma simultánea.

La dificultad de Bitcoin se ajusta periódicamente para mantener estable el ritmo de producción de bloques, incluso cuando cambia la cantidad de equipos conectados. Por ello, un aumento del poder de cómputo no hace que los bloques aparezcan indefinidamente más rápido, sino que eleva la dificultad que deben superar los participantes. El resultado es una carrera permanente en la que el hardware antiguo pierde terreno aunque todavía pueda ejecutar correctamente las operaciones matemáticas.

La historia también ayuda a explicar la prueba de trabajo con una imagen sencilla: la seguridad de la red depende de que encontrar una solución válida requiera un volumen enorme de intentos. El AGC puede producir hashes, pero su velocidad es tan baja que la probabilidad de hallar un bloque se vuelve prácticamente nula. En cambio, los mineros modernos agrupan grandes cantidades de capacidad de cálculo y energía para participar en la misma búsqueda probabilística.

La economía detrás de los equipos modernos

La evolución del hardware no elimina los costos económicos de la minería, que dependen de los ingresos por bloque, las comisiones y el precio de la electricidad. Un informe citado en la información de origen señaló que el hashprice, una medida de los ingresos obtenidos por unidad de capacidad de cálculo, había subido 22,24%, hasta USD $39,63 por petahash al día. Ese indicador permite aproximarse a cuánto puede generar una determinada cantidad de poder de cómputo antes de descontar sus gastos operativos.

Las comisiones representaban apenas 0,43% de las recompensas de los mineros en el periodo descrito. En consecuencia, la subvención por bloque seguía siendo el componente principal que mantenía en funcionamiento a las máquinas, mientras los operadores evaluaban sus costos y su eficiencia. Para el AGC, incluso una recompensa completa no compensaría la escala temporal necesaria para encontrarla, porque su velocidad queda muy por debajo de la infraestructura actual.

El precio de BTC había alcanzado los USD $81.000 el día anterior, un movimiento que ofrecía alivio a un sector sometido a una competencia creciente. La dificultad de minería, no obstante, se encontraba 13% por debajo del nivel con el que comenzó el año, según el contenido de la noticia. Esa combinación muestra que la rentabilidad de los mineros depende de varios factores simultáneos y no únicamente del precio de la criptomoneda.

La demostración de Shirriff no presenta al ordenador del Apolo como una alternativa viable para minar, sino como una herramienta pedagógica. Al poner frente a frente un equipo histórico y una red de más de 900 EH/s, el experimento hace visible la transformación de Bitcoin desde sus primeros años hasta una industria dominada por hardware especializado. La máquina que ayudó a llevar a la humanidad hacia la Luna puede calcular el algoritmo, pero la red moderna le exige esperar mucho más que la vida del universo para ganar un bloque.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.

 

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