Kevin O’Leary quiere invertir en la red Blockchain que termine usando el S&P 500
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Kevin O’Leary, conocido por Shark Tank, aseguró que su próxima gran apuesta no sería una altcoin de moda, sino la blockchain que eventualmente adopte el S&P 500 para procesos corporativos. En paralelo, volvió a defender a Bitcoin y Ethereum como los únicos activos necesarios para captar casi toda la exposición del mercado cripto, mientras criticó a la banca por frenar las recompensas asociadas a las stablecoins.
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- Kevin O’Leary dijo que quiere invertir en la blockchain que termine convirtiéndose en estándar para el S&P 500.
- El inversionista reiteró que Bitcoin y Ethereum ofrecen, a su juicio, el 97% de la exposición relevante al mercado cripto.
- También criticó a los bancos por obstaculizar las recompensas de las stablecoins y defendió su utilidad para pagos rápidos y baratos.
Kevin O’Leary, el inversionista conocido por su participación en Shark Tank, volvió a fijar posición sobre el mercado de activos digitales y dejó clara cuál podría ser su próxima gran apuesta. Según explicó recientemente en una entrevista televisiva, su interés no está centrado en perseguir nuevas criptomonedas especulativas, sino en identificar la red blockchain que eventualmente podría convertirse en la infraestructura elegida por las compañías del S&P 500.
La tesis de O’Leary parte de una idea que ha circulado desde hace años entre analistas del sector: grandes corporaciones podrían terminar trasladando parte de sus operaciones a sistemas onchain para funciones como análisis de contratos, gestión de inventario y logística. Si ese proceso se concreta y una red se impone como estándar entre empresas de primera línea, el inversionista considera que esa blockchain podría emerger como una gran ganadora dentro de la industria, reseña Yahoo Finance.
En esa misma intervención, O’Leary insistió además en que Bitcoin y Ethereum siguen siendo, a su juicio, los únicos activos cripto realmente necesarios para un inversionista que busque exposición amplia al sector. También separó su visión sobre Bitcoin de la de las stablecoins y criticó a la banca tradicional por lo que considera una resistencia injusta frente a los rendimientos asociados a estos activos digitales vinculados al dólar.
Stablecoins, banca y el debate por los rendimientos
O’Leary afirmó que ha pasado una década invirtiendo en criptomonedas y que una de sus conclusiones más firmes es que Bitcoin debe diferenciarse claramente de las stablecoins. En su lectura, Bitcoin es un activo especulativo y volátil, mientras que una stablecoin responde a una lógica distinta, ya que está diseñada para mantener estabilidad al estar vinculada a un activo como el dólar estadounidense.
Para explicar esa diferencia, señaló que una stablecoin referenciada al dólar suele estar respaldada por instrumentos como letras del Tesoro de Estados Unidos a tres meses. Esa estructura, dijo, permite transferencias en segundos a cualquier parte del mundo, a diferencia de una operación bancaria tradicional, que puede tardar días y además implicar costos elevados para el usuario.
El inversionista puso como ejemplo a USDC, la stablecoin emitida por Circle Internet Group, empresa que cotiza bajo el símbolo NYSE: CRCL y en la cual él figura como accionista inicial. Desde su perspectiva, este tipo de activos acelera el movimiento de dinero a una fracción del costo habitual y, además, refuerza el dominio internacional del dólar estadounidense.
O’Leary también se refirió a la controversia en torno a las recompensas de stablecoins dentro de la CLARITY Act, un tema que, según describió, ha enfrentado durante meses a los sectores bancario y cripto. Su crítica fue directa: considera injusto que quienes mantienen stablecoins no puedan obtener un rendimiento de 3,2%, frente a cuentas de ahorro bancarias que ofrecen apenas 1%. Añadió que espera una resolución próxima para que el mercado pueda avanzar con mayor claridad en materia de innovación.
Bitcoin y Ether como núcleo de la exposición cripto
Más allá de su interés por infraestructura blockchain y stablecoins, O’Leary mantuvo sin cambios su postura sobre la composición ideal de una cartera cripto. Reiteró que un inversionista solo necesita exposición a Bitcoin y Ether para capturar el 97% del mercado. El resto de los activos digitales, en sus palabras, entran en la categoría de monedas “poo-poo”.
Esa visión refleja una preferencia por los activos de mayor tamaño y liquidez dentro del ecosistema. Bitcoin sigue siendo la criptomoneda más grande del mercado, con una capitalización de USD $1,53 billones. Aunque alcanzó un máximo histórico de USD $126.080 el 6 de octubre del año pasado, al momento de publicación de la nota original cotizaba cerca de USD $76.230, alrededor de 40% por debajo de ese techo.
Ether, por su parte, mantiene el segundo lugar en valor de mercado, con una capitalización de USD $253.410 millones. El activo alcanzó un máximo histórico de USD $4.946,05 el 24 de agosto del año pasado, pero su cotización se ubicaba en torno a USD $2.100 al publicarse la información, lo que implicaba una caída aproximada de 55% respecto a ese récord.
En términos de mercado, la tesis de O’Leary no es nueva, pero sí resume un enfoque cada vez más común entre inversionistas que buscan limitar riesgo en un entorno todavía dominado por alta volatilidad. La preferencia por Bitcoin y Ether suele apoyarse en su profundidad de mercado, mayor reconocimiento institucional y ecosistemas más consolidados frente a miles de tokens con adopción limitada o usos poco claros.
La búsqueda de la blockchain del S&P 500
La parte más llamativa de su planteamiento apareció cuando habló de lo que considera la siguiente gran oportunidad. O’Leary sostuvo que desde hace tiempo se viene discutiendo la posibilidad de que empresas incluidas en el S&P 500 migren ciertos procesos internos y operativos hacia redes blockchain. No se trataría solo de pagos, sino de funciones empresariales más amplias y estructurales.
Entre los usos que mencionó figuran el análisis de contratos, la gestión de inventario y la logística. La idea de fondo es que una blockchain podría servir como capa común de coordinación, trazabilidad y registro para compañías de enorme escala. Sin embargo, O’Leary remarcó que aún nadie sabe qué red terminaría imponiéndose si esa transición toma forma.
Su estrategia para detectar temprano a la posible ganadora consiste en seguir al menos una empresa de cada uno de los 11 sectores de la economía y observar qué blockchain adopta cada una. Bajo esa lógica, la convergencia entre varias firmas grandes sobre una misma red podría ofrecer una señal temprana de estandarización. “Sea cual sea, quiero poseerla”, afirmó.
O’Leary reconoció que todavía no tiene una respuesta definitiva sobre cuál blockchain elegiría el S&P 500. Aun así, aseguró que ya encargó a sus “sabuesos digitales” investigar el tema. En su opinión, la red que logre convertirse en estándar para ese universo corporativo será una “gran ganadora”, una afirmación que resume el peso que asigna a la adopción institucional como motor de valor en el largo plazo.
El planteamiento también sirve como recordatorio de que la competencia entre blockchains no se limita al ámbito de las finanzas descentralizadas o la especulación minorista. Una eventual adopción corporativa a gran escala podría redefinir qué redes concentran actividad real, ingresos por uso y relevancia estratégica dentro del mercado.
La información fue reportada originalmente por TheStreet, que situó las declaraciones de O’Leary en el contexto de su visión general sobre criptomonedas, stablecoins e infraestructura blockchain. Más allá del tono directo del inversionista, sus comentarios reflejan tres ejes concretos: defensa de las stablecoins como herramienta de pagos, preferencia por Bitcoin y Ether como activos centrales, y expectativa de que la verdadera gran apuesta futura podría estar en la blockchain que logre atraer al sector corporativo estadounidense.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.
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