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Demanda de centros de datos dispara 66% el costo de plantas de gas natural

4h ago
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El auge de la IA y la expansión de los centros de datos está redefiniendo el mapa energético en Estados Unidos. Un nuevo informe señala que construir plantas eléctricas de gas natural ya es mucho más caro y toma más tiempo, justo cuando tecnológicas y utilities buscan capacidad adicional para sostener una demanda que no deja de crecer.

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  • El costo de construir una planta de ciclo combinado con turbina de gas subió 66% en dos años, hasta USD $2.157 por kilovatio en 2025.
  • La demanda de electricidad de los centros de datos podría pasar de 40 GW a 106 GW para 2035, impulsada por instalaciones cada vez más grandes.
  • La escasez de turbinas de gas encarece equipos clave, mientras Google explora renovables y almacenamiento de larga duración como alternativa.

 


La carrera por abastecer de energía a la nueva generación de centros de datos, impulsada en gran parte por la inteligencia artificial (IA), está elevando con fuerza los costos de la infraestructura eléctrica basada en gas natural en Estados Unidos. Lo que hasta hace poco parecía una solución rápida y relativamente accesible para responder al aumento de la demanda comienza a mostrar límites de precio, tiempos de entrega y disponibilidad de equipos.

De acuerdo con un nuevo informe de BloombergNEF, el costo de construir una planta de ciclo combinado con turbina de gas, conocida como CCGT por sus siglas en inglés, aumentó 66% en los últimos dos años. El dato refleja un cambio importante en un momento en el que grandes empresas tecnológicas y compañías eléctricas buscan añadir capacidad de generación para respaldar operaciones digitales cada vez más intensivas en consumo energético.

El tema rebasa el ámbito técnico del sector eléctrico. También afecta el debate sobre cómo se financiará la expansión de la red, quién asumirá sus costos y qué tipo de energía dominará la infraestructura que sostiene el crecimiento de la IA. En ese contexto, el encarecimiento del gas natural como opción de nueva generación abre espacio para comparar su viabilidad frente a tecnologías renovables y sistemas de almacenamiento más avanzados.

La discusión resulta especialmente relevante para lectores que siguen industrias como blockchain, IA y mercados tecnológicos. Aunque los centros de datos no son exclusivos del ecosistema cripto, sí comparten con la minería de Bitcoin y otras cargas intensivas una misma pregunta de fondo: cómo asegurar energía suficiente, estable y económicamente viable para la próxima ola de infraestructura digital.

Los costos de las plantas de gas suben con rapidez

Según el informe citado por TechCrunch, construir una nueva planta CCGT costaba menos de USD $1.500 por kilovatio de capacidad de generación en 2023. Para el año pasado, ese valor había escalado hasta USD $2.157 por kilovatio. El salto ocurre pese a que los precios del gas natural en Estados Unidos siguen siendo bajos, incluso en medio de la guerra en curso en Irán.

Ese contraste ayuda a entender que el problema no está solo en el combustible, sino en el costo integral de levantar nuevas instalaciones. En otras palabras, aunque el gas como materia prima no se haya disparado, la infraestructura necesaria para convertirlo en electricidad sí se está volviendo mucho más costosa. Para tecnológicas, eso cambia las cuentas de retorno de inversión y obliga a reconsiderar calendarios y estrategias.

El informe también indica que completar una nueva instalación ahora toma 23% más tiempo que antes. Esa extensión de plazos complica a empresas que buscan incorporar capacidad energética en paralelo al despliegue acelerado de centros de datos. Cuando la demanda crece a gran velocidad, cada mes de retraso puede impactar planes de expansión, contratos de capacidad y costos financieros.

La situación se agrava porque varias compañías del sector tecnológico, entre ellas Microsoft y Meta, se han inclinado recientemente por proyectos alimentados con gas natural para sus centros de datos. Esa preferencia responde a la necesidad de contar con energía firme y disponible, pero el incremento de costos sugiere que el entusiasmo por esta vía podría estar siendo puesto a prueba por la realidad industrial.

El auge de los centros de datos acelera la demanda eléctrica

Los centros de datos figuran entre los motores más importantes del aumento del consumo eléctrico en Estados Unidos. No son el único factor detrás de la nueva demanda, pero sí se encuentran entre los usuarios de crecimiento más rápido. La presión que ejercen sobre el sistema no solo empuja a las tecnológicas a buscar generación propia o contratada, sino también a las empresas de servicios públicos a ampliar su parque energético.

La administración Trump ha pedido a los operadores de centros de datos que “traigan su propia energía”. Sin embargo, en la práctica las compañías eléctricas suelen trasladar a los clientes el costo de nueva generación. Esa dinámica ha alimentado una creciente reacción adversa del público hacia los centros de datos, en especial en comunidades que temen terminar absorbiendo parte de la carga económica de esa expansión.

Las proyecciones son contundentes. Se espera que las nuevas incorporaciones de centros de datos alcancen 2,7 veces la demanda actual, elevándola de 40 gigavatios hoy a 106 gigavatios para 2035. Esa magnitud ayuda a explicar por qué la discusión energética dejó de ser un tema secundario para convertirse en una variable estratégica dentro del negocio de la IA y de la computación a gran escala.

Parte del impulso proviene del tamaño de las nuevas instalaciones. En la actualidad, apenas 10% de los centros de datos tiene 50 megavatios o más. Durante la próxima década, el centro de datos promedio superará los 100 megavatios. El informe destaca que los proyectos planificados son significativamente más grandes que los que están hoy en operación, lo que sugiere un salto estructural en el perfil de demanda del sector.

Escasez de turbinas y cuellos de botella industriales

El renovado interés por las plantas de gas natural ha desatado una escasez de turbinas de gas, uno de los componentes más importantes y costosos de estas instalaciones. Para finales de este año, se espera que los precios de estos equipos estén 195% por encima de los niveles de 2019. Se trata de un incremento severo para activos que pueden representar hasta 30% del costo total de una nueva central eléctrica.

La fabricación de turbinas tampoco puede acelerarse con facilidad. La técnica industrial requerida para producir estos equipos no se presta a un escalado rápido, lo que impide responder con agilidad a la nueva ola de pedidos. Como resultado, las listas de espera ya se están extendiendo hasta comienzos de la década de 2030, un plazo difícil de encajar para compañías que desean construir capacidad en el corto plazo.

Este cuello de botella tiene implicaciones más amplias. Si la oferta de turbinas no crece al ritmo de la demanda, las empresas podrían verse obligadas a pagar más, esperar más o buscar alternativas tecnológicas. En todos los casos, el resultado altera la planificación energética de los grandes operadores de centros de datos y presiona a toda la cadena de suministro vinculada con la infraestructura digital.

También cambia la relación entre urgencia tecnológica y realidad industrial. La IA puede escalar con rapidez en software y chips, pero no ocurre lo mismo con la infraestructura pesada necesaria para suministrar energía estable. Ese desajuste entre expansión computacional y capacidad física podría convertirse en un factor limitante para algunos proyectos de gran tamaño.

Renovables y almacenamiento emergen como alternativa

Hasta hace poco, muchas empresas tecnológicas habían privilegiado centros de datos conectados a la red y respaldados por acuerdos de compra de energía para eólica, solar y baterías. Sin embargo, el repunte de la demanda eléctrica, impulsado por la IA y por la creciente animadversión pública hacia estos complejos, empujó más proyectos nuevos de gas natural.

Aun así, no todos los actores están apostando por completo a esa ruta. Google ya empezó a delinear un enfoque distinto para sumar capacidad a la red, basado en energías renovables combinadas con almacenamiento de larga duración. Entre las tecnologías consideradas figuran las baterías de hierro-aire de Form Energy, capaces de liberar electricidad durante 100 horas.

La comparación económica podría volverse más importante en los próximos años. A diferencia de las turbinas de gas, los paneles solares y las baterías han reducido sus costos con el tiempo. Esa tendencia ofrece una posible salida frente al fuerte encarecimiento de las plantas a gas, sobre todo si los retrasos de suministro y la inflación de equipos continúan presionando al sector.

En términos de estrategia, el giro sugiere que la competencia ya no es solo entre combustibles, sino entre modelos de expansión energética. Por un lado está la generación térmica firme, con costos de construcción y tiempos de entrega crecientes. Por el otro, aparecen portafolios híbridos de renovables y almacenamiento que buscan cerrar la brecha de confiabilidad sin depender de turbinas escasas y cada vez más caras.

El resultado final aún no está definido. Lo que sí parece claro es que el auge de los centros de datos y de la IA está reordenando las prioridades del sistema eléctrico estadounidense. Si el costo de nuevas plantas de gas sigue subiendo y los tiempos de espera continúan alargándose, las decisiones de inversión podrían inclinarse más rápido hacia soluciones renovables con respaldo de almacenamiento.

Para el mercado tecnológico, este cambio importa mucho más de lo que parece. La energía es ya un insumo crítico para la expansión de la infraestructura digital. Y cuando ese insumo empieza a encarecerse o a retrasarse, el impacto termina alcanzando a toda la economía de datos, desde la nube y la IA hasta sectores como blockchain que dependen de acceso estable a electricidad a gran escala.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 

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