El BCE advierte que la falta de un euro digital podría fragmentar los pagos europeos
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Piero Cipollone, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, advirtió que la ausencia de una solución digital paneuropea podría abrir espacio a plataformas desconectadas y debilitar la resiliencia y la soberanía monetaria de Europa. El BCE aún no ha decidido si emitirá un euro digital, aunque el proyecto sigue en fase de preparación y su calendario contempla 2029 como posible fecha de lanzamiento.
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- Cipollone alertó que la falta de una solución de pagos paneuropea podría aumentar la fragmentación entre plataformas de tokenización.
- El funcionario sostuvo que el euro digital debe apoyar a los bancos, no reemplazarlos, y facilitar pagos cotidianos entre entidades.
- La decisión de emisión sigue pendiente; el calendario contempla un piloto de 12 meses desde la segunda mitad de 2027 y una posible emisión en 2029, sujeta a que el proyecto avance.
BCE: sin euro digital, los pagos europeos podrían fragmentarse
Piero Cipollone advierte que plataformas desconectadas pueden debilitar la resiliencia y soberanía monetaria de Europa.
El proyecto busca apoyar a los bancos, no reemplazarlos.
La emisión sigue sin aprobarse.… pic.twitter.com/0XlO2VanuZ
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) October 6, 2026
El BCE advierte que la falta de un euro digital podría fragmentar los pagos europeos
La preocupación por un sistema fragmentado
Piero Cipollone, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE), advirtió que la ausencia de un euro digital podría dejar espacio a alternativas ofrecidas por otras entidades y debilitar la resiliencia y la soberanía monetaria de Europa. Durante una intervención en un webcast de MNI Connect, planteó que el riesgo no consiste únicamente en que aparezcan nuevas opciones de pago, sino en que funcionen como plataformas separadas, sin una solución común para las transacciones cotidianas.
Cipollone señaló que, sin una solución digital paneuropea que cubra distintos tipos de operaciones habituales, podría crecer la fragmentación entre plataformas de tokenización. La advertencia vincula el proyecto del BCE con un desafío de coordinación: si diferentes servicios y sistemas no comparten una base común, los pagos digitales podrían distribuirse en entornos que no se conectan entre sí, en lugar de integrarse en una infraestructura de alcance europeo.
La tokenización alude, en términos generales, a la representación digital de activos o derechos mediante tokens, y su expansión puede dar lugar a nuevas formas de transferir valor. Cipollone sostuvo que ese avance hace relevante contar con una solución aplicable a las transacciones cotidianas, aunque su mensaje no establece que toda plataforma privada vaya a fragmentar el mercado ni que el euro digital sea la única alternativa posible.
La preocupación expresada por el funcionario se refiere a la resiliencia y la soberanía monetaria del bloque, conceptos que en este contexto apuntan a la capacidad europea de sostener pagos digitales confiables y preservar un papel para el dinero denominado en euros. La tesis del BCE es que una infraestructura común podría reducir la dependencia de sistemas dispersos, pero la emisión de una moneda digital todavía no constituye una decisión aprobada.
Una infraestructura para los bancos y los pagos diarios
El objetivo descrito por Cipollone es crear un euro digital que pueda intercambiarse entre bancos y utilizarse en operaciones cotidianas. La propuesta busca cubrir una necesidad de alcance general, no limitarse a un tipo específico de compra o a un grupo reducido de usuarios, y servir como base para pagos digitales en distintos escenarios de la vida diaria.
El funcionario rechazó que el proyecto pretenda asumir las funciones de la banca comercial. Según explicó, la iniciativa proporcionaría a los bancos una infraestructura para competir en la era digital y ampliar el alcance y los usos de sus propias soluciones, con lo que el euro digital operaría como soporte para servicios bancarios en vez de reemplazar directamente a esas entidades.
Ese planteamiento ubica a los bancos dentro del diseño que defiende el BCE: la moneda digital estaría disponible para las transacciones entre entidades y, a la vez, podría respaldar opciones de pago ofrecidas por ellas. La declaración de Cipollone presenta así el proyecto como una combinación de infraestructura común y soluciones bancarias, aunque no detalla cómo se distribuirían los servicios ni qué condiciones concretas regirían su funcionamiento.
El BCE comenzó a estudiar la posibilidad de introducir un euro digital en octubre de 2020. La propuesta plantea una moneda digital de banco central, conocida por la sigla CBDC, que complementaría al efectivo como alternativa de pago digital. Esa función complementaria es importante para entender el debate: el proyecto no fue presentado como una sustitución del dinero físico, sino como una opción adicional dentro del sistema de pagos europeo.
Calendario pendiente y debate sobre privacidad
El BCE todavía no ha decidido si emitirá el euro digital. El calendario del proyecto contempla como supuesto que el proceso legislativo concluya en 2026, y sitúa 2029 como posible fecha de lanzamiento; no se trata de una fecha confirmada ni de una aprobación definitiva. El banco central sigue trabajando en la preparación del proyecto: en julio de 2026 publicó un nuevo borrador de las normas de funcionamiento, que incorpora comentarios recogidos durante el proceso.
Si el banco central decide avanzar, el plan citado prevé un programa piloto de 12 meses que comenzaría en la segunda mitad de 2027. La posible emisión se situaría en 2029; ambas fechas dependen de que el proyecto siga adelante y, por tanto, describen escenarios previstos, no resultados garantizados.
El debate también incluye objeciones sobre privacidad y poder estatal. Los críticos de las CBDC sostienen que una moneda digital de banco central podría dar a funcionarios de la Unión Europea herramientas para vigilar los gastos de los residentes y, potencialmente, controlarlos. Se trata de una preocupación planteada por quienes cuestionan el modelo, no de un hecho demostrado. El BCE, por su parte, afirma que diseña el euro digital para ofrecer altos niveles de privacidad, aunque ese objetivo declarado no equivale a una garantía sobre el funcionamiento final del sistema.
En septiembre de 2025, Cipollone afirmó que el euro digital garantizaría a los europeos un medio de pago digital gratuito y aceptado de forma universal, incluso ante interrupciones graves. Esa defensa pone el foco en la continuidad y el acceso, mientras las críticas reclaman atención a los límites de vigilancia y control. El reto para el proyecto será responder a ambas preocupaciones sin confundir objetivos declarados con decisiones todavía pendientes.
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BCE: sin euro digital, los pagos europeos podrían fragmentarse